Emociones que experimentan los padres de un bebé prematuro

La llegada de un bebé puede traer tanto alegría como ansiedad a la vida familiar. Sin embargo, como padre o madre de un bebé prematuro, puedes sentir que tienes que preocuparte más de la cuenta.

No te preocupes: tu ansiedad es normal, e incluso tiene un aspecto positivo. Un estudio reciente señala un beneficio de la mayor atención que recibe un bebé prematuro tras su nacimiento: puede sentar una base sólida para un vínculo entre padres e hijo que continúe durante toda la vida.

Lo más probable es que, una vez que esté claro que tu bebé prematuro va a estar bien, empieces a sentirte más tranquila. Aprenderás a confiar en tu capacidad para evaluar el estado de tu hijo, atender sus necesidades y pedir ayuda si es necesario. Después de muchas revisiones con resultados positivos, empezarás a creer poco a poco que tu bebé se mantendrá sano y seguirá evolucionando bien.

No dejes que la preocupación se convierta en un problema

Existen diversos aspectos emocionales de la prematuridad, pero debes saber que es natural preocuparse cuando te adaptas al cuidado de un bebé prematuro. ¿Pero qué pasa si la preocupación persiste, incluso cuando las cosas mejoran? ¿Cuándo la atención se convierte en sobreprotección? Aunque el cuidado cariñoso es esencial para el desarrollo y el crecimiento de un bebé prematuro, la preocupación constante puede ser asfixiante.

Cuando un niño siente que sus padres están siempre preocupados por él, puede empezar a asumir parte de esa ansiedad y empezar a sentirse vulnerable. Si esto se prolonga más allá del primer año de su vida, puede llegar a dudar de sus capacidades y a sentirse inseguro sobre su salud y fortaleza en general.

A largo plazo, querrás encontrar un equilibrio entre la protección y la independencia de tu hijo. Si te resulta difícil, recuerda que no eres el único: a los padres de un bebé prematuro a menudo les resulta más difícil dejarlo ir, incluso cuando es el momento de hacerlo.

Reconoce la ansiedad por tu bebé prematuro 

La clave para gestionar tu preocupación es reconocerla. Entonces, de forma lenta pero segura, con mucha comprensión y apoyo, podrás empezar a soltar los viejos fantasmas que te recuerdan la fragilidad de tu hijo como recién nacido.

Nadie puede compartir plenamente tus sentimientos, pero hay personas que pueden ayudarte a manejarlos. Aprender a sobrellevar las preocupaciones reales o exageradas por el bienestar de tu hijo te dará la fuerza que necesitas para afrontar este reto. Ten en cuenta que muchas familias están pasando por las mismas o similares luchas.

Encuentra grupos de apoyo y recursos sobre el parto prematuro

Aunque los temores sobre la salud de tu hijo pueden ser difíciles de superar, acudir a otras personas puede ayudar a reducir parte de la ansiedad. Intenta obtener toda la ayuda e información que puedas del personal de la UCIN y de tus médicos. Habla con amigos que te permitan desahogar tus frustraciones. Incluso puedes conocer a otras personas en grupos de apoyo y foros en línea que estén en el mismo barco, o que hayan estado en una situación similar antes. 

Para empezar, puedes probar algunas de estas opciones:

Da pequeños pasos para establecer un vínculo con tu bebé, por ejemplo, practicando el método canguro. Coloca una manta suave sobre su espalda para que esté bien calentito, mientras lleva sólo un pañal de bebé prematuro de la talla adecuada para que se mantenga seco y cómodo. Saber que estás haciendo todo lo posible puede darte una mayor sensación de control.

Todos nos hemos enfrentado a circunstancias que sacuden nuestra sensación de seguridad ante la vida. Si te sientes abrumada por la culpa o la preocupación, puedes intentar hablar con padres de bebés nacidos a término -incluso con tus propios padres- y probablemente descubrirás que ellos han experimentado sentimientos similares. 

Recuerda: quieres que tu hijo crezca confiado en sus capacidades y oportunidades. Ayudarle a desarrollar una perspectiva equilibrada es uno de los mejores regalos que puedes hacerle.

Fuentes